En la madrugada, me desmorono ante tu esencia.
Presencia de ser humano dócil (o inquieto).
Me desarmo en la vacuidad,
en lo hondo de lo infranqueable.
¿Acaso no he podido levantar los párpados ante la llama que has encendido para mí?
¿Acaso he arrebatado tu tibia mano, evitando que quites esta máscara?
Máscara que guarda ojos profundos.
Desnudez cubierta por un despejado cielo.
Y detrás, un fondo oscuro, sin marcos ni huellas.
Máscara tórrida y desenfadada,
Indefinidos repliegues recrea.
Se doblan, giran y se tuercen.
Se transforman, te atrapan, te disuelven.
Si en sueños me visitaras,
tal vez te confesaría turbulentos secretos.
Si apoyas tu sien en mi almohada,
no esperes que los pájaros de luto,
se marchen con el viento de la aurora.
Entonces espabílate en mis pesadillas.
Conjura mis tantas maldiciones.
A ti lector,
A ti amado,
A ti adversario despiadado.
Enemigo acérrimo de mis fatalidades.
Incansable batallador de mis disculpas.
No claudiques en tu lucha.
No cantes victoria allí donde hay sosiego.
Solo atrévete… invita al niño a salir.
Libéralo de tu pecho.
Invéntame nuevas proezas y juegos.
Mantente así a mi lado despierto.
Cruza los dedos, pidiendo para mí el más bello deseo.

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