martes, 12 de julio de 2011

El huésped


 Aquel día, despertar le resultó una tarea más difícil de lo habitual. No disponía de la fuerza suficiente como para levantar los párpados, ya ni hablar de voluntad.
 Tirado en el piso, yace a un costado de la cama. Casi automáticamente, dirige la vista en dirección al reloj que cuelga en la pared de su dormitorio, anunciando las 7.
 No recuerda, ni puede precisar desde cuándo está dormido. Y para qué preocuparse por el asunto. Hace ya varios días que permanece recluido en su casa, viendo pasar la vida por la ventana.
 Tampoco tiene presentes el día y la fecha exactos en el que se hallaba desconcertado sin saber cómo ni quién había colocado los grilletes que llevaba puestos en ambos pies, los que, a esta altura habían dañado la piel en la zona de los tobillos. Las tareas cotidianas y el aseo personal se habían tornado todo un fastidio. Por lo tanto, se mantenía sentado o acostado la mayor parte del día.
 Pensaba en ir a trabajar, pero era una absurda ilusión ya que en estos tiempos no era necesario ir a trabajar, a lo sumo lo haría desde su casa.
 Su razón lentamente comenzaba a ofuscarse. Muchas horas habían sido dedicadas, meditando sobre las causas de su desdichada situación. Tan solo una pérdida de tiempo.
 Los días pesaban tal vez más que los grilletes, las horas vueltas un tedio. Movilizarse de una habitación hacia otra era extenuante y sacrificado. Todas sus acciones se multiplicaban en rigor y esfuerzo.
 Pero la parte del día en que más atormentado se sentía era durante la madrugada. Le parecía que la casa magnificaba los sonidos: el incesante ruido de las gotas que caen de la canilla, la madera crujiente de algún mueble, el estampido de la ventana azotada por el viento, los ladridos lejanos de la noche.
 El hastío fue ganando terreno y por ello ya ni siquiera se cuestionaba acerca de lo acontecido.
 Ya nadie golpea a su puerta, excepto cuando llamaron para avisar que un familiar muy próximo estaba enfermo. Se levanta de la cama y después de bañarse sale corriendo de la casa como si nada hubiese ocurrido.
 Durante varios días permanece alejado de la casa, casi dejando atrás aquellos días de encierro. Sin embargo, bien sabe que debe regresar, retomar la rutina, el trabajo, los quehaceres…
 Un viaje largo y agotador le reclama un baño y un merecido descanso. Al ingresar a su casa, una abrumadora oscuridad lo envuelve, camina a tientas, en tinieblas. Da pequeños pasos dubitativos y cuando logra afianzarse se tropieza con una silla que lastima su pierna, entre saltos y quejas se dirige hacia la perilla para encender la luz y al hacerlo recibe una terrible descarga eléctrica que lo obliga a maldecir. Aturdido por los golpes recibidos, toma asiento por unos segundos y respira profundamente.
 Ahora se decide a tomar un baño caliente, pero al encender el calefón un escape de gas provoca una pequeña explosión que le quema los dedos de la mano derecha.
 La casa deshabitada ahora lo recibía con toda su furia. El sabía que ya no podría escapar… la casa no se lo permitiría.

miércoles, 29 de junio de 2011

UNA VEZ


Una vez solo somos engendrados por la chispa de la existencia
Una vez existimos aquí donde estamos, y alla donde iremos, y luego donde iremos, solo una vez lo haremos
Una vez naceremos, una vez miraremos por ultima vez a los ojos con vida de quien solo una vez morirá ante nuestros ojos de acá.
Una vez creceremos y aprenderemos que ya es tarde para aprender, porque ya nos vamos.
Una vez amaremos, si lo hacemos, al amor eterno de nuestros sueños.
Una vez diremos que morimos al nacer donde nacimos luego de habernos ido y haber llegado donde nacimos.
Es por eso que solo una vez nacimos para LOS VECINOS.

LA ESQUINA DEL LIBRO


En la esquina del libro veo el piso sucio de impurezas físicas.
La limpieza de la doncella se esmera para que esa esquina luzca como en un tiempo fue.
Yo lo se. En el libro estoy recostado;  en pagina desecha de grafitos adolescentes impregnados de amoríos indecentes y frases elocuentes. Desde aquí la veo partir hacia la esquina del libro. Añorando el descuido de que la suciedad se haya ido.
Esa esquina marca para todos la curva del pozo del lo monótono a lo variado y liso.
Muchos de la esquina a la derecha no se dan cuenta que están y otros a la izquierda también. Yo te digo que si queres comprender, tal vez mirando a la esquina desde afuera vas a ver.

SUEÑO


Pesadas están las miradas
Cerrarse quieren las vistas
Todo me indica una pausa en la película.
Pero no salgas del cine
Esa pausa también es película
Pero es una película sobre la otra,  a veces con violencia,  a veces erótica.
Deja que tu cuerpo haga la película sobre la película y así podrás recuperar la rigidez de la vista.
AHOGANDOME CON NAFTA, MIS OJOS OBSCUROS SE VOLVIERON, ROJOS COMO LA SANGRE QUE BROTA DE TU CUELLO PALIDO, LANGUIDO CUAL VEGETAL AZOTADO POR LA TORMENTA. ALLI ME ENCUENTRO OBSERVANDOTE DESDE LO ALTO, EN SILENCIO, AGAZAPADO EN LAS SOMBRAS.

Ser-O-tra vez

En los talones de la victoria,
Rechinaban sus dientes.
Aquella solo era la sombra de su fortuna.
Hastiado de tanto maldecir,
halló regocijo en sus groserías.
Tras un largo suspiro retornó al agua,
Salpicó sus agonías inundando sus caderas,
 con lagrimas de  dolor.
Ser de nuevo un pez, un día domingo…
Nada…, y empezar de cero.
Exhalar el veneno,
Inhalarlo de nuevo.
Otra vez el mismo recorrido.
Ahogarse en un mundo sombrío,
Sería un desatino justificado.
El consuelo por fin emergería,
De la necesidad y el fracaso.
Solo resta languidecer genuflexo,
O sobornar al destino…  

Sonámbula visión

En la madrugada, me desmorono ante tu esencia.
Presencia de ser humano dócil (o inquieto).
Me desarmo en la vacuidad,
en lo hondo de lo infranqueable.

¿Acaso no he podido levantar los párpados ante la llama que has encendido para mí?
¿Acaso he arrebatado tu tibia mano, evitando que quites esta máscara?

Máscara que guarda ojos profundos.
Desnudez cubierta por un despejado cielo.
Y detrás, un fondo oscuro, sin marcos ni huellas.
Máscara tórrida y desenfadada,
Indefinidos repliegues recrea.
Se doblan, giran y se tuercen.
Se transforman, te atrapan, te disuelven.

Si en sueños me visitaras,
tal vez te confesaría turbulentos secretos.
Si apoyas tu sien en mi almohada,
no esperes que los pájaros de luto,
se marchen con el viento de la aurora.
Entonces espabílate en mis pesadillas.
Conjura mis tantas maldiciones.

A ti lector,
A ti amado,
A ti adversario despiadado.
Enemigo acérrimo de mis fatalidades.
Incansable batallador de mis disculpas.
No claudiques en tu lucha.
No cantes victoria allí donde hay sosiego.

Solo atrévete… invita al niño a salir.
Libéralo de tu pecho.
Invéntame nuevas proezas y juegos.
Mantente así a mi lado despierto.
Cruza los dedos, pidiendo para mí el más bello deseo.