Sentados en un banco, a orillas del mar… la luna radiante iluminando aquella grata noche. A lo lejos podíamos oír el rugir del mar, y para no ser menos, el viento acariciaba las hojas de lo que parecían unos inmensos eucaliptos.
A mi lado, permanecía sentado alguien, un completo desconocido para mí. Hablaba complacido, desparramando palabras, ideas, sonidos que surgían de su boca, con una voz muy serena. No prestaba atención a lo que decía porque no comprendía qué hacían un banco de plaza pintado de blanco en la playa, y los enormes árboles cuyas hojas podrían ser agitadas por un ventilador gigante o cualquier otro dispositivo u artefacto. El mar como pantalla oscura del que solo se podía percibir su inmensidad sin llegar a divisarlo dando una sensación de vacío. Y la luna, observada con mayor detenimiento, en realidad era un gran foco redondo colgado en el cielo nocturno.
Los elementos de esta escena no provocaron más que intriga. Me preguntaba si esto era un sueño o una pesadilla, o si tal vez éramos parte de una obra de teatro o una película de bajo costo, o quizá estaríamos en un futuro distante en el que los astros, la luna, el mar, la naturaleza eran diseñados por un soberbio hombre y sus adelantos tecnológicos.
Todos estos interrogantes minaban mi mente y me encontraba absorbida por tales pensamientos. Volteo a mi costado, para plantear mis dudas al extraño pero ya no estaba allí y jamás supe quien era.

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